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lunes, 31 de enero de 2011

INTELIGENCIA EMOCIONAL


La inteligencia emocional no depende de la "cantidad" de conocimiento. De modo que una persona analfabeta puede ser tan inteligente como otra que ha recibido educación. De allí que la inteligencia emocional se puede definir como la capacidad del individuo para reconocer sentimientos propios y ajenos y la habilidad para manejarlos, así como para aplicar de manera adecuada los conocimientos que posee; lo que lo lleva a mejorar su calidad de vida.
De la inteligencia emocional se pueden destacar características tales como: capacidad de automotivación, perseverancia a pesar de las posibles frustraciones, control de la impulsividad, regulación de los estados de ánimo para evitar la angustia que interfiere con las facultades racionales y capacidad de empatizar y confiar en los demás.
Podemos también destacar los siguientes componentes: Inteligencia intrapersonal, la cual se manifiesta al conocer nuestras debilidades y fortalezas, contactar con los propios sentimientos, discernir y orientar la conducta; y la Inteligencia interpersonal, que se determina por la capacidad de liderazgo, aptitud para relacionarse, mantener amistades y solucionar problemas sociales.
La inteligencia emocional puede desarrollarse a través del autocontrol de las emociones (analizar las propias emociones y cómo nos afectan), de la automotivación (canalizar las emociones positivas y fijar nuestra atención en nuestras metas), de la empatía (establecer lazos reales con los demás, tratando de identificarnos con su situación)
El cambio desde la inteligencia emocional comienza con el deseo de cambiar, de que es posible (sí se puede cambiar). Se produce más fácilmente con la ayuda de un guía (grupos de apoyo). Los cambios más profundos se producen lentamente (cambiar primero la conducta). El cambio no se produce de una manera sostenida y lineal, a lo largo del camino hay retrocesos y tropiezos; hay momentos en que el ritmo del cambio se hace más lento o se detiene temporalmente; causa temor cambiar esquemas de sentimientos y comportamientos de toda una vida, pero nunca es tarde para cambiar. En nuestra cultura obsesionada con la juventud es habitual dar por sentado que una vez pasada cierta edad, la gente pierde su capacidad de cambio. Esto es totalmente falso.



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